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Ruda, Romero y Olivo

A propósito del feminicidio de Lisette, muerta en el SENAME, y de “Feminicidio en Chile: una realidad ficcionada”, de Ainhoa Vázquez

Por Rubí Carreño Bolívar, Pontificia Universidad Católica de Chile

Hace menos de una semana tu corazón no pudo más y se detuvo. No se detienen las causas de tu muerte a los doce años y tampoco el amor que tu existencia nos inspira. El libro que nos convoca “Feminicidio en Chile: una realidad ficcionada” es un fragante ramo de romero, ruda y olivo puesto sobre tu tumba y la de aquellas mujeres y niñas muertas por misoginia.  Es un ramo de lawen que cura a quien lo lee con medicina superior: una verdad contada como ficción. Como su título sugiere no es un libro de artes y literatura, o solo de artes y literatura, aunque recorre el campo de la producción cultural desde el blog a la novela de vanguardia pasando por canciones y teleseries.  Como la ruda -fuerte y señorita a la vez- desbarata con su letra olorosa las creencias que vinculan al feminicidio con el amor de pareja o a los hombres.  La muerte de Lisette es, según los supuestos del trabajo de Ainha Vásquez, un feminicidio, así como también las mujeres podemos ser tanto el brazo armado como la mano encubridora del patriarcado.  Por miedo, manifesté reparos a que  probara tan claramente en este libro algo que ahora digo con ella agitando la ruda y nuestros papeles-lawenes como contra: el Estado chileno no solo posibilita sino que favorece la muerte de las mujeres: Nicolasa Quintremán, encontrada flotando en las aguas que defendió hasta la muerte, las temporeras encerradas en el container víctimas no solo de un desastre natural y las niñas suicidas del Sename ¿qué pensarán de lo que digo desde la otra ribera a las que fueron llevadas por la violencia?

Romero:

El romero es protector y alentador de la memoria. Camilo Brodsky, en un poema dedicado a las mujeres quemadas por la inquisición, afirma con kimun (conocimiento) que quizás quien guarda la memoria posee protección. Este libro es la memoria doctoral de Ainhoa, y como tal, es riguroso, documentado, creativo, escrito en un lenguaje accesible a fin de que toda persona interesada pueda acceda a la memoria de las mujeres muertas y a la manera de cómo construir otra memoria desde las letras. Desarmar los estereotipos de género en las series, novelas y canciones, respecto al feminicidio, crear un sistema para reconocerlo y visibilizarlo, analizar el amplio espectro de la cultura chilena, sin duda, son memoria y protección para estas generaciones y las venideras.

La memoria también radica en el origen y Ainhoa lo cita desde el comienzo; los hombres que constituyen su familia: abuelos (acá presentes), padre y esposo, que es el autor de la portada. Hombres que dan vida, dice ella en la dedicatoria, y por ella damos fe de que es cierto.  Conozco también a su madre, su tía y a sus prodigiosas hermanas, solidarias e íntegras en extremo.  No me extraña que este brote de los Vásquez Mejías sea tan fuerte, poderoso y bello.  A partir de una memoria dolorosa, el libro construye una alerta fragante como el romero para quienes escriben, es decir, guionistas, escritores, compositores, para que incorporen en su propia escritura, un surco posible y feliz, de la frágil vida que Lisette pudo y debió tener.

Olivo

Para escribir esta presentación he sumado a mis saberes letrados el kimun de mujeres, mapuches y pobres, saberes ancestrales que están a la vera del camino, resistiendo a todo menosprecio y violencia, como las que llaman malezas. Ninguna vida sobra, no hay un sexo mejor que el otro, y todos somos mensajeros como el diente de león, de palabras escritas con lápiz celeste. Atraigo la rama del olivo, que es la del perdón y de la paz, no sé si para los perpetradores, ese perdón no es de nuestro dominio. El libro de Ainhoa los muestra y representa, Alto Hospicio en la memoria, y se establece argumentos que cruzan los estudios literarios con el discurso legal, para que, a diferencia de las víctimas, la cárcel sea su destino, nunca el cementerio. Dejo una ramita de olivo para todas y todos los que han experimentado violencia de género: ese niño que no quiere quebrarle la patita al insecto; esa niña que ya no sabe dónde esconderse. La ramita dice no fue tu culpa, perdónate. Y una para los presentes, ofrenda cariñosa que invita a construir la paz a partir de libros imprescindibles como el de Ainhoa Vásquez Mejías. 

Bitácoras

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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