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Ciclo Literatura e Historia. Rastros en las sombras: novela en dictadura y posdictadura

Por Josefina Muñoz Valenzuela

El martes 12 de julio se llevó a cabo el cuarto encuentro del ciclo, esta vez dedicado a la novela.

El académico y ensayista Grínor Rojo leyó el prólogo de un libro de su autoría sobre las novelas de dictadura y posdictadura, que será publicado en octubre por LOM. Sostiene que 17 años de dictadura modificaron las personas y las producciones simbólicas. Cita el texto “Política cultural del gobierno de Chile” (1975): “…política cultural que tienda en primer término y en su órbita de competencia, a extirpar de raíz y para siempre los focos de infección que se desarrollaron y puedan desarrollarse sobre el cuerpo moral de nuestra patria y en seguida, que sea efectiva como medio de eliminar los vicios de nuestra mentalidad y comportamiento, que permitieron que nuestra sociedad se relajara y sus instituciones se desvirtuaran, hasta el punto de quedar inermes espiritualmente para oponerse a la acción desintegradora desarrollada por el marxismo”.

Los ciclos de literatura mundial se han caracterizado por algunas temáticas o énfasis centrales, como en el siglo XX las novelas indigenistas, las de la revolución mexicana, el narcotráfico, etc.

El corpus analizado por Rojo remite a cerca de 180 obras, en un período de 45 años, período en el que ocurrieron hechos gravísimos en el país, donde interesa conocer y entender las afinidades y significados que conectan las novelas con el paisaje histórico social en un período que comienza el 4 de septiembre de 1970 y donde el golpe del 11 de septiembre de 1973 inaugura un nuevo período en Chile, que no se cierra en 1990, con el presidente P. Aylwin. Dicho corpus podría ser definido como novelas realistas, considerando un uso muy amplio del término realismo y sus diferentes adjetivos.

Rojo cita la teoría de “los mundos posibles”, de la cual Tomás Albaladejo es uno de sus representantes en España, que sostiene que la ficción crea siempre un mundo semánticamente distinto al mundo real, pero que tiene una indudable coherencia interna. Se establece así un pacto entre el lector y la obra, donde quien lee cree y confía en lo que esas páginas le entregan, aunque sabe que es parte de un juego y acata sus reglas.

Antonio Ostornol, académico y escritor, comenzó señalando que este tema es como hablar de la biografía, porque en ese período transcurrió la vida y nacieron los primeros escritos literarios a la par de los actos políticos. De alguna manera, es hacer la memoria de un tiempo de silencio y represión en que no había espacios para hablar sin que la vida corriera peligro. Cita a los alemanes, que después de la guerra y el nazismo, 70 años después, aún siguen escribiendo sobre un período de sus vidas que requiere procesos de comprensión personal y social.

La memoria se constituye en un eje, desde lo más personal, hasta las dimensiones sociales, nacionales, colectivas. Todos los países que han tenido dictaduras, han reflexionado sobre la memoria, escrito sobre ella, como Beatriz Sarlo y lo que llama “memoria post traumática”. Sin duda, el pasado es siempre conflictivo, porque las personas se encuentran en diferentes lugares, desde los cuales tienen diferentes perspectivas y los mismos acontecimientos los afectan de modos muy disímiles. Así, la literatura es uno de los caminos para dar y encontrar sentido, para crear nuevos conocimientos; según Kundera, la novela permite descubrir nuevos modos o dimensiones de sentido.

Antes del 73, la sociedad chilena pensaba que acá no iba a pasar. Después del golpe, la narrativa se redibuja y cambia. Un gran número de escritores y creadores se van al exilio, como Dorfman, Skármeta, Urbina y muchos otros, que siguen escribiendo sobre Chile, pero desde otro contexto. Se producen también procesos de internacionalización, en que escriben obras que el “mundo” conoce, como las novelas de Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Antonio Skármeta. En el país se conforma la Generación conocida como del 80 o NN, sin libertades mínimas, sin publicaciones, con fuerte censura, donde se escribía en hojas que se pasaban de unos a otros.

Surge un lector cómplice, que comparte el contexto, lo vive o lo sufre, y a quien no hay que dar demasiadas explicaciones, porque completa los datos que el relato no entrega explícitamente. Ostornol enfatiza que son obras situadas y sitiadas, que deben inventar un lenguaje que les permita existir. Recuperada la democracia, quienes se quedaron acá, tienen un lenguaje “averiado”, lejano a las posibilidades de quienes accedieron a la industria editorial. Cuenta como anécdota que su novela “Los años de la serpiente” (1991), fue duramente criticada por razones muy distintas en los únicos dos espacios de crítica: El Mercurio (demonizaba a Pinochet) y La Época (blando).

Roberto Rivera, escritor y actual presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, comienza señalando que la novela de la dictadura, así como los numerosos cuentos, se dan en un campo en disputa. Un mundo donde todo ha cambiado y se ha impuesto un modelo de “modernización”, que entrega a privados la salud, las aguas, las pensiones… Después del 90, no se logra romper la estructura económica de la dictadura y solo aumentan las invitaciones al consumo y al individualismo extremo, con un sector de la sociedad que vive en un mundo exclusivo y excluyente.

Luego del golpe, lo primero es SILENCIO, y las primeras novelas se publican afuera, mayormente por escritores exiliados. Luego hay un segundo impulso interno, sorteando la censura y la autocensura. La novela “Frente a un hombre armado” de Mauricio Wacquez fue publicada en 1981 por Bruguera en España y, en sus palabras “era la respuesta al golpe del 73”. Muchas otras novelas aluden de maneras directas o indirectas a ese contexto, como las de Diamela Eltit, Diego Muñoz Valenzuela, “A fuego condenados” del propio Roberto, Óxido de Carmen de A. M. del Río; hoy día, las obras de Nona Fernández, Lina Meruane, entre otras.

Los invitamos a leer las novelas que recogen el período de dictadura tanto en Chile como en otros países, porque, como siempre, la literatura construye sentidos y revela intuiciones o da respuesta a nuestras interrogantes sobre el acontecer humano. También, a asistir al nuevo encuentro en el mes de agosto.

Bitácoras

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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