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Dos textos de “Paradoxas”, de José Ben- Kotel

Por José Ben- Kotel

Traducción de Leocádia Regalo

Comentario de Angélica Morales

Crear en Salamanca publica dos textos del libro ‘Paradoxas’, publicado en Salamanca el pasado año por José Ben Kotel (Osorno, Chile, 1951), quien reside ahora en Israel tras largos años de vida y trabajo en Estados unidos, impartiendo lecciones de Literatura Española e Hispanoamericana. Poeta y narrador. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: en poesía, Autos de Fe (1983), La separación de los amantes (1990), Viaje a Ithaca (1993), Firmamento y olas (2008); en narrativa, Roja tus bocas (1982), Para nunca olvidar (1985; 2010, segunda edición), Los elegidos (1990), El toro y otros cuentos del sur (2001), Sacrilegios (2005). Actualmente está culminando, en la Universidad de Salamanca, su tesis doctoral sobre la poesía del poeta chileno Jorge Teillier.

Las traducciones son de la poeta y profesora portuguesa Leocádia regalo. Ben Kotel estuvo invitado por ella y por la profesora Graça Capinha. En Coimbra presentó su libro en Livraria Alfabarrista Miguel de Carvalho (15 de diciembre) y en la Facultad de Letras de la Universidad de Coimbra (16 de diciembre), con estudiantes de doctorado, donde también participó en un conversatorio sobre su vida como docente y profesor en Francia, Estados unidos, Israel, Salamanca…

PASO A PASO

Si quiere llegar lejos, hágalo paso a paso. No se apure en la prosecución del imposible; tampoco se afane mucho. Puede que esté al alcance de la esquina, o de la vida. Todo es posible. O bien puede estar a la vuelta de la muerte. No le tema. Sea cauto, pero nada más. Si consigue eso, habrá avanzado bastante. Paso a paso, a veces a saltitos; otras a salto de mata para salvarse del peligro, o de usted mismo. No le tema al lugar común; si le da vida, habrá conseguido el objetivo, si no, se equivocó de vuelo como la paloma de Alberti. Sí, hay peligros afuera. Y si caminamos hacia lo desconocido… el asombro. A veces es mejor irse despacito como cuando lo hizo por sobre las piedras. Se acordará de ese pasado. Está lejos. Sí. También estaría cerca si recordamos; busque en su acervo, que, a decir verdad, es ‘disco duro’. No se apure en anotar, no va a llegar muy lejos si se nos ataranta. Está en el paisaje. Lea bien el horizonte, y mírelo a corazón abierto, con atención y entenderá mejor lo que ve, o lo que visualiza: Ambos paisajes, o historias, o pasajes cohabitan en nosotros. Tómelo en cuenta. Todos los senderos llevan a la ciudad interior y a la externa, incluso las sendas que se bifurcan del Ciego de Buenos Aires que vio la vida y su pasión mejor que nadie, también las ondas, las gravitacionales, las del Plata, río que pasó a ser una fosa común: Usted investigue por qué. Las sendas que pisamos, y las que sobreviven en las huellas de la memoria. Claro. Sin memoria no somos nada. Por eso quemaron las hojas. Sí. Del Árbol de la Vida, de la memoria individual, colectiva. Los libros. Los que conquistan, destruyen. Recuerde las hojas de los amates y sus maravillosos glifos y al desquiciado cura que les quemó sus libros a los mayas, es decir la historia de los acosados por los guerreros de la crucifixión. Y las otras hogueras. No se apene si se sale un poco del punto de la ‘verdad’; es una manera de reencontrarla. Es un aroma que hay alcanzar, como le digo, paso a paso; lentos pero seguros. Vadee el río y llegará a puerto; ya lo hizo antes, ¿recuerda? Cuando eso suceda entre en la barcarola y aventúrese. Vuelva al agua, al vientre donde aprendió a respirar y a nadar adentro de ese magma. Y navegue. A golpe de remos, de velamen esplendido ‘Sobre las olas’, como el maravilloso valse del mexicano Juventino Rosas, o si prefiere, para ser justos: Mexica. Esa música y la de las olas lo ayudarán a dar los últimos pasos que lo harán llegar al puerto al que se dirige. No le tema a los atajos, pero salga de ellos apenas pueda. Si no, ni modo que habrá llegada o salida al final de su historia. No de la Historia, no tiene final: Es un fin en permanente hacer.

No todos los caminos nos llevan adonde queremos; las piedras, cuando tropezamos en ellas, nos sirven de aviso y a la vez nos hacen cambiar de tinta.

ALTO VUELO

 Sueñe que se le ilumina una idea. Salga rápido de ese estadio, busque un lápiz; si es usted de ayer, una pluma y una tableta, o cualquier hoja que se le atraviese en el camino. Tome nota de lo que recuerde de su ensoñar iluminado. Escriba lo más largo posible –porque los sueños siempre son sin fin, ¿me entiende?–  para después empezar a podar. Recuerde bien este aserto: Si podamos el árbol, sus frutos serán saludables y hermosos la siguiente estación estival, como nos lo imaginamos. Lo mismo haga con su escritura, trabájela hasta que le quede a ésta algunas delgadas líneas rojas en la hoja en blanco de su sueño.

Cuando se poda un árbol, la siguiente cosecha es más hermosa que la anterior; lo mismo puede suceder con un escrito. Cada lectura es una aventura, como si fuere el ‘año milagroso’ por las nuevas incógnitas que nos revela. ¿Para el lector o el escrito? Ahí me pilló.

SOBRE ‘PARADOXAS’ (ANGÉLICA MORALES)

Paradoxas me ha parecido una delicia, una joya muy bien cuidada. Imagino el trabajo que ha costado y todo el amor y la sabiduría de años que el autor ha puesto en él. Se nota, al leerlo, el espíritu de la poesía: la literatura en su flor más pura.

Cuando un poeta le saca punta al ángel de su pluma, surge una joya deliciosa. Así se muestra Paradoxas ante los ojos del lector, como pequeñas y cuidadas píldoras literarias que hablan desde el corazón sobre todo aquello que el autor sabe, conoce, intuye, ha leído o imaginado en los libros de la vida y el sueño. Sin belleza, no habría poesía. Ciertamente es muy de agradecer el carácter humilde con el que está escrito; nada de dar lecciones. (Hay tanto texto espeso, tantas ganas de brillar siendo un sol oscuro…). 

Pues bien, Paradoxas, construido a base de capítulos mínimos, invita a una lectura pausada, repleta de infinidad de reflexiones, por lo que uno puede dejar el libro a capricho y regresar a él recuperando al instante toda su belleza.

A lo que hay que sumar grandes dosis de humor inteligente, ironía y una peculiar capacidad para contar historias desde una sensibilidad profunda y musical, como si, por momentos, el autor estuviese dibujando en su cuaderno el ritmo cadencioso de las palabras, su baile secreto.

De modo que Paradoxas se convierte por mérito propio en una flor pura e irresistible dentro del panorama literario.

Sólo queda disfrutarlo.

En www.crearensalamanca.com

Bitácoras

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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