La Carmencita, un cuento de Giomar Arandia

En lo sucesivo, gracias la gentileza del narrador boliviano Manuel Vargas, tendremos el privilegio de conocer a los mejores cuentistas de ese país. Los invitamos a conocer la narrativa de Bolivia, país hermano.

 

Es inevitable formar parte de los precoces deslices de una puta barata. Amanecer nublado es la intención, ojeras que no alcanzan a descifrar el sueño pesado y sus consecuencias. Las sábanas parecen pegarse con agresividad, aferrándose impasible a la humedad de los cuerpos; la picazón es la secuela de los colchones habitados por insectos testigos del desenfreno.  El aire respira los tufos mezclados con los olores nocturnos y matutinos del ambiente.

¡Ay! Carmecita, deja de bajarte los calzones cada que me ves, al Mosca ya ni lo sorprendes, y al Raymundo, mi otro cumpa de farra y cosas peores, mucho menos; ya tus labiecitos de Barbie sexy en la servilleta del bar (y otros lugares que prefiero no nombrar por la educación que me dieron mis padres) son parte de una rutina pasada de moda.

Recuerdo tu figura sicodélica, entonces intento olvidarte dando pasitos pausados y poco firmes en las calles de tierra que lamían tus pasos. Camino, Carmencita, con los ojos cerrados y la mente abierta, como te gusta, quizás provocando encontrarte. Si me acuerdo todavía cuando con ojitos de conejo de castilla me gritabas:

Ya, papacito, donde quieras y cuando quieras... y con cuantos quieras.

Y yo ni gordo como el Mosca, ni perezoso como el Raymundo, a telefonear a otros posibles cuates para que me ayuden a combatir tus atrevimientos; conocidos habían sido tus atributos ... De qué extraños privilegios gozarías Carmencita, que creo que ni Dios te aguantaba...

Así mi fragilito, ¡qué bueno eres en la cama! ...unito más....ya pues, todavía no he acabado... o no eres hombre...

El Mosca cansado, el Raymundo ni qué decir, él sólo sirve para los chistes y cuando es en serio se corre el muy maraco... yo, tratando de entrarle a la lucha y vos Carmencita susurrándome al oído:

Pónmelo esos temitas que me alborotan ... esos cantantes argentinos que quieren que te abaraje la bañera...y otras cositas más...

Mientras yo, aún con el zumbido dulzón en mis oídos, buscando el cassette de esos depravados en esa montonera de cintas desordenadas me digo a mí mismo, ¿por qué le gustará esa música no? Yo quisiera poner algo de Manolo Otero o Camilo Sesto, esos sí que entran a tono con el momento.

Apurate pues, me estoy enfriando...

Y cuando al fin lo encuentro y aprieto el play:

Ay no...para nada... no me estimula en lo más mínimo, a ver...quiero algo más intenso, más romántico ¿no?

Yo, para mis adentros, “Sí”:

Mmmm... Mejor búscamelo el de los Molotov o los Control Machete, esos mexicanos son más violentos... apúrate pues, me estoy enfriando...

Y vuelvo a la travesía de cassettes mientras el Mosca y el Raymundo de reojito, tarados, en el suelo, como soldados después de guerra,  riéndose de mí,  de “semejante yo”... bien que se ríen de sí mismos, de su lamentable virilidad...si al fin y al cabo yo soy el único que la he aguantado, y en todo sentido...

Apurate pues, me estoy enfriando...

Apurate pues, me estoy enfriando, apurate pues, me estoy enfriando, y así seguía el credo en mi cabeza: “Resucitá Lázaro, levántate y anda donde la Carmencita”.  A mí que más me daba si te enfriabas, si de témpanos se trataba hace rato que yo había bajado la guardia:

Mi Bombón, mi Tom Cruise, mi Antonio Banderas, mi Leonado Di Caprio... no importa, no te arremolines tanto que hasta que encuentres la música me vas a encontrar vestida...

Luego, de regreso a la faena:  de perfil, de frente, de lado, de abajo a arriba, de arriba a abajo, haciendo piruetas, contorsiones, con la sábana ahorcándome y la frazada en el piso, formando ya una cruz con el catre y la muy calentona :

Hasta ahora no he tenido un solo orgasmo, qué te está pasando, tú no eras así,  a ver, unito más y no te vuelvo a joder...

Yo rezando para que despierte el Mosca o el Raymundo y los muy pendejos  haciéndose a los torrados...

Si no puedes no importa, no va a ser la primera vez que me pasa... ya, rápido, vestite, te ves tan ridículo con tu cuestión hecha un moco...

Yo a vestirme, el Mosca y el Raymundo parándose y preguntando:

¿Qué pasa pues hermano, tan rápido te has rendido?

Mientras la Carmencita enojada, buscando su calzón que había estado encima del cassette que quería escuchar, me mira chueco y se embute en su jeans lycra que hace aparecer por los costados sus excesos; luego se moja el cabello, se sacude como perro y con un peine que había estado ahí  hace meses intenta un peinado normal; luego se acerca y  dice:

Ya, por lo menos ayúdame a abrochar mi sostén, me has desordenado todo, para sacarme no más sirves...

Después, se acerca al espejo y saca de su cartera un cassette y lo pone en la grabadora; ensaya líneas precisas con su delineador líquido en sus ojos rojos y pinta sus labios carnosos con su lápiz labial color “naranja aquí estoy”, luego arranca en llanto cantando...

Yoooooo, soy rebelde porque el mundo me ha hecho asííííí, porque nadie me ha  sabido comprendeeeer, porque nadie me ha tratado con amoooooor....Yo quisiera seeeeer, como el niño aqueeel, como…

Yo de comedido:

Qué te pasa amorcito, de pronto te me has amargado ¿no quieres que te invite un  fricacho? Creo que el chaki te está afectando, curaremos.

Y ella:

No me molestes,  me he puesto sensible, con ustedes cualquiera se deprime… además estoy a dieta.

Luego estira su mano y le damos los billetes, ella cuenta tres veces y caminando moviendo el trasero se pierde en la avenida.

Carmencita, en los líos que me metes, todo por querer complacer tus impulsos animales que tanto me gustan. Ay Carmencita, eres de esas putitas que me alborotan los espermas pero que también me los acaban... Dónde estarás Carmencita, por ahí me cuentan que te aferraste con el camba opa que se la pasaba agarrándote las nalgas descaradamente,  otros cuentan que te casaste y por vergüenza te fuiste a la Argentina, ese país que tanto te gusta, los últimos rumores cuentan que por esa soledad tan tuya te me mandaste a enfermar de esos asuntos que conmueven a la población,  pero yo sé Carmencita, que en algún lugar del universo estás gritando descontroladamente: “Apurate pues, me estoy enfriando”.



Guiomar Arandia (La Paz, 1975). Estudió literatura en la Universidad Mayor de San Andrés, realizando su tesis sobre la obra del cuentista Adolfo Cárdenas. Se dedica principalmente al teatro, es directora del grupo Patas Arriba, que ha representado varias obras de su propia creación.

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